El drama diario de un desarrollador de software

Cuando le dices a un conocido que eres programador, por alguna extraña razón, siempre te miran raro. Tú, como eres una buena persona, le explicas amablemente que un programador es un informático que hace programas para un ordenador. Pero, ay de tí, que has mencionado la palabra mágica: informático.

Da igual que les expliques que no sabes nada de arreglar ordenadores (porque tú sólo sabes arreglar aquellas cosas que te han pasado) y da igual que les insistas en que no sabes cómo funciona una impresora porque ni siquiera tienes una. En el mejor de los casos te pedirán ayuda o consejos sobre casi cualquier tema que toque la electrónica: desde qué pasa con la impresora que no imprime hasta como se programa el video (porque tu ya has dicho que eres programador). En el peor de los casos, te dicen que vayas a su casa a ayudarles. Algunos hasta te ofrecen invitarte a un café o incluso pagarte 10€.

Por supuesto, tú les dices amablemente que no les puedes ayudar. Que si no tienes los conocimientos adecuados, que si es mejor que acuda a un profesional, que si nunca has tenido ese problema así que no sabes solventarlo. Pero, ellos inisten diciendo que te pagan.

No se vosotros, pero yo al final estallo diciendo que no me dedico a eso, pero que si voy a ayudarles, les cobraré según mi grado de estudios y experiencia laboral en el tema y que, por tanto, a menos que estén dispuestos a pagarme 20€ la hora (porque ese es el varemo de lo que suelo cobrar por una asistencia técnica a un desconocido) que se vayan a una tienda de informática, que cobran lo mismo pero al menos te sonríen (bueno, no todos).

Así que ya lo sabéis: si te dicen que un amigo informático es un borde lo más probable es que estéis hablando con un usuario y no con alguien con criterio.

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