No por repetir una mentira esta será cierta

Llevo varios días leyendo como nunca antes lo había hecho sobre todos estos temas que, hasta ahora, eran para mí una verdad incuestionable. Temas como Corea del Norte, Fidel Castro, los famosos gulag soviéticos e, incluso, el mismísimo Stalin.

Seguro que a vosotros también os han contado desde pequeños que Stalin era un señor muy muy malvado que ordenó matar a muchas personas. Seguro que personas de confianza os han contado que los periodistas no pueden entrar en Corea del Norte y que tienen que mentir sobre sus profesiones para poder entrar.

Bueno, pues resulta que me he cansado. Me he cansado de que me manipulen constantemente abusando de mi confianza en terceras personas. Y es que la propaganda capitalista se basa en la siguiente premisa:

  • La gente se cree las cosas si salen en la tele, en el periódico en la radio o en una web “importante”.
  • Los que no se creen las noticias de estos medios, se creerán si las dicen medios más “independientes”.
  • Los que tampoco creen a los medios independientes confían en sus amigos y se creen lo que estos les cuenten.

La mayoría de las personas estamos en puntos intermedios entre esos puntos; pero, en general, nos creemos una noticia si se la oímos a las suficientes personas. No necesitamos contrastar datos. Y eso, estimados lectores, es un grave error.

Nos están manipulando abusando de fallos en nuestros procesos críticos (fallos que ya se ha encargado el sistema educativo de asegurarse que están) y, precisamente porque creemos que la elección de si creérnoslo está basada en nuestra capacidad crítica y no en inteligentes estudios sociológicos, somos más reacios a pensar que hemos sido engañados. Desde luego, un gran plan.

Y, de hecho, esto es algo que le concedo a la burguesía capitalista. Ha demostrado tener un gran intelecto y una gran preparación. Pueden manipular grandes sectores de la población para rebelarse ante situaciones que, en realidad, son beneficiosas para ellos y para que apoyen medidas que no lo son. Son capaces de hacer que una buena obra parezca mala y una mala obra grandiosa.

Por eso, y como dije en una entrada anterior, hemos de abrir los ojos. Yo ya los he abierto y, cada día que pasa, mi ira obrera aumenta. Espero el día en que vosotros los abráis también.

Hace una semana, charlando con camaradas del colectivo, me mostraba reacio a luchar contra la opresión burguesa a base de oprimir a dicha clase. Hoy, bueno, no opino igual.

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