Sistemas, ¿ha probado a apagar y encender el ordenador?

Hoy me he levantado con un humor excelente. Me sentía con energía y el suculento desayuno que me esperaba en la mesa me ha animado aún más. Mi gordi y yo tenemos un trato no escrito, quien se levanta primero porque entra antes a currar prepara el desayuno para ambos.
Sang Salir con tiempo de sobra siempre es buena idea; y más si no quieres que te pille la hora punta. En la calle, el sol saludaba radiante desde el este. En estas fechas el sol calienta más de lo que me gusta pero, mientras pueda hacer el trayecto hasta la oficina con el aire acondicionado puesto, no será eso lo que me chafe el día. Total, que he llegado a la oficina con tiempo de sobra, lo que me ha permitido aparcar delante de la puerta. ¡A ver si va a ser cierto eso de que «a quien madruga, Dios le ayuda»!
Sang Al entrar en el edificio me saluda la recepcionista:
Sang —¡Buenos días Joaquín!
Sang —Buenos días a tí también, Clara.
Sang Entro en mi despacho con un café en la mano. La tranquilidad me arropa cuando me siento en la silla, dejando la taza de café al lado del teclado. Reviso las notas del día anterior, para repasar lo que hice, y las tareas pendientes. El trabajo de hoy no va a ser especialmente difícil. Me va a llevar bastante rato, eso sí, pero sin dificultad.
Sang ¡Tiruriruri!¡Tiruriruri!
Sang —Sistemas, que la paz sea contigo.
Sang —¿Joaquín?
Sang —El mismo.
Sang —Ven, que no me funciona internet.
Sang Silencio tenso. No ha colgado. Lo sé porque oigo respirar al otro lado.
Sang —¿Sigues ahí?
Sang —Estoy empezando a pensar que todos ganaríamos si no fuera así.
Sang —Pero ¿vas a venir?
Sang —¿A dónde?
Sang —¡A qué va a ser!¡A arreglarme el ordenador!¡Te lo acabo de decir!
Sang —Es que, ahora mismo, con los datos que tengo me es imposible acudir.
Sang —Pero… ¿qué? ¿Me estás vacilando? ¡Mira que te pongo una queja en recursos humanos!
Sang —Te paso con tono, cuéntaselo a él.
Sang Cuelgo. Algo me dice que hoy tampoco voy a trabajar mucho. Pero bueno, aun así intento trabajar. Enciendo la máquina de desarrollo, abro los códigos que ayer dejé marcados y empiezo a revisarlos para ver si recuerdo qué hacían.
Sang ¡Tiruriruri!¡Tiruriruri!
Sang —Sistemas, ¿conoce a nuestro salvador Jesucristo?
Sang —¿Pero vas a venir o qué? Por tu culpa estoy sin trabajar.
Sang —Es que sigo sin poder ir. Me falta información.
Sang —A ver, que me estás calentando ya. Te he dicho que mi ordenador está roto. Que no le funciona internet. ¿Acaso el señorito no tiene suficiente información con eso? ¿Necesitas que te cuente cómo hacer tu trabajo?
Sang —Pues la verdad es que no tengo información suficiente.
Sang —¡Que vengas a arreglarlo!
Sang —¡Que no puedo ir!
Sang —Vaya desvergüenza que algunos no podamos trabajar porque a otros no os da la gana de hacer lo que debéis.
Sang —Desde luego, vaya mundo el que estamos dejando a nuestros hijos.
Sang —¿Encima de cachondeo?
Sang —Psé.
Sang —Pero, ¿vas a venir?
Sang —Es que no me da la gana.
Sang —¡Te vas a enterar!
Sang Cuelga. Seguro que va a recursos humanos a gritarles. En realidad en esta empresa esto es lo habitual. Continuo revisando el código, por suerte no me cuesta mucho encontrar dónde lo había dejado.
Sang ¡Tiruriruri!¡Tiruriruri!
Sang —Sistemas, que Amada os tenga en su gloria.
Sang —Joaquín, soy Libertad. De recursos humanos.
Sang —Dime, ¿qué necesitas?
Sang —Está aquí Daniel. Nos está diciendo que no quieres ir a arreglarle el ordenador. Que no puede hacer su trabajo porque no funciona nada y, encima, le has gritado.
Sang Respiro hondo.
Sang —En toda la mañana no he recibido ninguna llamada de nadie que se haya identificado como Daniel.
Sang —Pero está diciendo que… —se queda en silencio unos segundos—. Entiendo. Perdona las molestias.
Sang Cuelga. Y no pasan ni dos minutos cuando vuelve a sonar el teléfono.
Sang ¡Tiruriruri!¡Tiruriruri!
Sang —Sistemas, ¿le hemos hablado de nuestra oferta dos por uno en barbacoas?
Sang —Joaquín… Hola. Soy Daniel… de contabilidad.
Sang —Dime Daniel, ¿en qué te puedo ayudar?
Sang —Es que… no me funciona internet y necesito que me ayudes.
Sang —Claro, para eso estoy. Dame unos minutos y voy para allá.

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